La historia de los deportes de combate está llena de adioses tardíos. A menudo, el corazón y el espíritu de un peleador se niegan a aceptar lo que el cuerpo ya sabe desde hace tiempo.
Esta es la crónica de aquellos que subieron al octágono cuando la balanza del talento y la juventud ya no estaba a su favor.
El precio del orgullo
No es falta de habilidad, sino la implacable marcha del tiempo. Los reflejos milimétricos que antes los salvaban de un nocaut, ahora llegan una fracción de segundo tarde.
Y sin embargo, la afición sigue admirándolos. El coraje de enfrentar lo inevitable los convierte en leyendas inmortales.